domingo, agosto 17, 2008

LA NARRACIÓN ORAL

A.U.L.I. y la narración oral[1]
Dra. Sylvia Puentes de Oyenard (Uruguay)


Marco histórico

El deseo de Martha Salotti se está haciendo realidad. La narración oral resurge actualmente con un esplendor inusitado y devuelve a sus intérpretes un arte que encontró en China célebres expositores que fueron reproducidos en barro, arcilla o madera y hoy se encuentran junto a sus muertos milenarios a los que le habrán dicho en más de una ocasión: Había una vez ...
Somos conscientes del exacto momento en que deseamos que este oficio ancestral se recuperara para Uruguay. Corría la década del 70 y una tarde en que investigábamos en la sala de la Biblioteca del Instituto Interamericano del Niño, encontramos un libro que decía que en Estados Unidos había asociaciones de contadores de cuentos (storytellers). Nos pareció fascinante esa posibilidad para dar cauce a una vocación de servicio que también era una necesidad de expresión. ¿Pero cómo? Pasó el tiempo y supimos que en la otra orilla del Río de la Plata, Martha Salotti y Dora Pastoriza desde el Instituto SUMMA trabajaban en el tema. En oportunidad que el Lycée Jeanne D’Arc nos invitó a dar una conferencia en Quilmes (Pcia. de Buenos Aires), pudimos establecer el primer contacto con la Dra. Pastoriza que se concretó recién cinco años después. En 1984, al convocar a un grupo de especialistas para formar la Asociación Uruguaya de Literatura Infantil-Juvenil (A.U.L.I.) fueron prioridades la redacción de un Boletín Informativo (que llegó al Nº 35, 2001) y promover la narración oral. Nos pusimos en contacto con Dora Pastoriza y, en nombre de A.U.L.I., solicitamos una beca para los cursos de narración oral que se hacían en Buenos Aires. Inmediatamente llegó la respuesta: tendríamos la beca y también otra para el profesorado de Castellano y Literatura con especialización en Literatura Infantil-Juvenil (cuatro años de clases con cursos de griego y latín). A.U.L.I. hizo la convocatoria para las becas y a partir de ese momento, con una fluida comunicación con la Dra. Pastoriza, le planteamos hacer un curso en Montevideo a lo que accedió generosamente. A.U.L.I. había nacido pocos meses antes, no contábamos con rubros para los gastos y, justo es decirlo, encontramos la más cálida y eficaz colaboración en el Instituto Cultural Uruguayo-Argentino, en la Embajada de Argentina en Uruguay, en donde ejercíamos la Secretaría para el Exterior y en la Intendencia de Montevideo.
El curso se desarrolló en el Auditorio de Caravelle Viajes (2 y 3 de agosto de 1985.

“LA NARRACIÓN DE CUENTOS EN LA VIDA ACTUAL”
Conferencia de la Dra. Dora Pastoriza de Etchebarne (Fragmento)
Auditorio “Caravelle”, 2-VIII-85
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De tal manera nos preocupa como educadores que somos y el plano en que nosotros nos movemos, es decir la casa que represento, el Instituto SUMMA de Buenos Aires, ese ámbito que nuestra casa trata a niños desde los tres años hasta adolescentes y jóvenes de los niveles terciarios. Nosotros recibimos niños de tres en los que llamamos el jardín de infantes, o el preescolar después, que pasan por la escuela primaria, siguen por la escuela secundaria y a la noche se abren nuevamente las puertas para el nivel terciario de tres profesorados. El profesorado de preescolar para preparar las maestras jardineras, el profesorado de magisterio para preparar maestras y un profesorado que es único en nuestro país y en América, en Latinoamérica, que es el Profesorado de Literatura, con especialización en Literatura Infantil. Oficial, reconocido por el Gobierno, en el cual durante cuatro años se estudia el castellano y literatura a nivel universitario y en los cuatro años se profundiza el estudio de la Literatura Infantil. Creo que con esto solo basta para decirles a Uds. que el estudio de esta especialidad es la justificación de mi vida.
El concepto que tenemos nosotros de literatura infantil es toda obra que el niño puede o debe leer o escuchar haya sido escrita o no pensando en él, siempre que reúna valores éticos y estéticos. Y toda obra no escrita, es decir por vía folclórica que reúna los mismos valores. Con lo cual estamos signando de una manera fundamental el mensaje que deseamos para nuestros niños y jóvenes. Por qué el valor estético, no podemos concebirlo sin belleza y del valor ético se debe entender que no los concebimos sino es para unir a los seres, de aquí, de al lado, de enfrente, del otro continente. Es decir, aquella literatura que tenga un mensaje de fraternidad y de paz y de verdad y de justicia y de hermandad y de familia. Y de familia, porque si está cuestionada la lectura está cuestionada la palabra, señores, lo que está cuestionado es la familia y nosotros no podemos entender una sociedad de América Latina que no esté construida sobre la familia. Ese es el concepto nuestro, y sobre este concepto trabajaremos, pero por el pantallazo que he dado de todo lo que abarca la literatura a nuestro entender, se comprenderá que el investigador tiene que tomar una posición y la posición a nuestro entender es que el que investigue literatura infantil con seriedad va a tener que moverse necesariamente en dos planos. Uno el que va más atrás, el que yo doy en llamar el plano de la investigación y de la búsqueda, quizás uno de los más apasionantes temas de investigación en nuestra especialidad. El plano que nos va a decir de dónde vienen los cuentos, cuáles son las teorías al respecto sobre sus orígenes, cuáles son los simbolismos que encierran, el que nos va a intentar decir porqué determinadas secuencias repetitivas en los cuentos, porqué la madrastra perversa, porqué la pérdida en el bosque, porqué el encuentro con una viejecita ayudadora que resulta ser un hada o un viejecito, porqué generalmente ese encuentro junto a una fuente, porqué el número tres, porqué las hermanas mayores feas, malas, haraganas y la menor maltratada hermosa, bondadosa, etc., etc...
Por eso importa al investigador que va a considerar toda la problemática de la literatura infantil juvenil ver como es la vida que rodea al niño y que problemas sociales vive ese niño, esa familia. Intentemos dar un pantallazo, especialmente referido a las grandes ciudades. Si una palabra tuviéramos que elegir nosotros para definir las características de la vida actual, sería la palabra rápido... Suena en todos los hogares desde que suena el despertador: rápido que papá tiene que salir... rápido que me tengo que levantar... rápido que tengo que cerrar... rápido, querido, que mamá tiene que hacer las compras antes de ir a la escuela... rápido... rápido... rápido al taller que ya abren... rápido que tengo que firmar... rápido... rápido... rápido...
Esa mamá que es la que a nosotros nos interesa para el planteo, esa mamá es la que no descansa ni cuando cierra los ojos para dormir. Porque es la mamá que cuando cierra los ojos piensa en todo lo que dejó sin hacer, que es lo que a las dueñas de casa les cansa o nos cansa tanto como lo que hacemos. Es la que piensa: mañana mientras todos todavía duermen repaso los delantales o es la que llega rápido de la escuela, del hospital, del sanatorio, del correo, de la oficina, del negocio de lo que fuera. Y si tiene tiempo se cambia de ropa y si no se pone un delantal sobre la que trae y entra en la cocina, a cocinar, sí, y también a planchar.
Y es esa la mamá que nos interesa contemplar, porque es a esa a la que le vamos a decir doctamente: “Señora, usted le tiene que narrar cuentos a sus niños”, y la señora nos va a mirar como diciendo:“¿Cuándo?” “¿Después que duerma?”. “Debo decirles y me adelanto a cosas que voy a decir después, que una oportunidad en que yo daba una charla a madres jóvenes, hablando de narración, cuando dije que había que narrar, una señora joven me dijo: “Ud. tiene toda la razón del mundo, pero yo no veo cuándo”. Entonces yo le pregunté: “¿Usted le teje a sus chicos?”. Sí, me dijo, tengo tres. “Bueno, porque si me hubiera contestado que no, le hubiera preguntado si les cose. Así que si usted teje, la próxima clase venga con el tejido”. Me miró, le digo “tráigalo y le voy a enseñar a narrar tejiendo”. Lo cual me significó a mí un cambio sobre las técnicas de narración, de la cual después voy a hablar. Porque me dio vuelta la cabeza, porque la que tiene ocupada las manos tejiendo, mal le puedo pedir yo que maneje las manos para visualizar el cuento. Pero sobre eso voy a hablar después.
Con lo cual quiero decir que planchando también se puede contar un cuento al niño y decirle: “Apaguen la televisión chicos, pero háganme un favor, les traigo un cuento que oí hoy en la escuela, que oí hoy en la oficina, que leí anoche en un libro que compré, vengan que se los cuento”. Es decir, que todo depende en cierto modo de que se interiorice y se haga carne en uno la necesidad ¿de qué? ...la necesidad de que nos comuniquemos por la palabra, que es camino afectivo, el único que el niño transita.
Prosigamos con la mirada a la vida actual. Si la característica es rápido y el trabajo de la madre fuera de la casa, la característica también es las casas estrechas, las casas con poco espacio, las casas en que no hay más el lujo de un dormitorio para cada uno o para cada dos hermanos. La casa donde se duerme también en el living, donde hay cuatro o cinco personas, donde se perdió la capacidad geográfica, la posibilidad, diríamos, geográfica de estar solo consigo mismo, aunque tenga ocho años, con sus libros, con su biblioteca, con su radio, inclusive con su grabador pero solo para poder pensar. Todo esto se ha ido perdiendo. Hay un interesante y viejísimo trabajo de un psicólogo, Braunschvig, sobre educación estética infantil que comete la osadía de pedir casas no solamente amplias para los chicos, con habitaciones amplias, sino que dice “con jardín” y exige o reclama, diríamos, una cosa aparentemente insólita,“con jardines curvos”, dice,“no rectilíneos y geométricos”, y acota “que tenga senderos que se entrecruzan porque allí en ese cruce y en esas curvas cobra mucho más encanto y misterio toda la actividad lúdica del niño”. Y es cierto, el sellar la infancia con aspectos que hacen a la riqueza y goce de las sensaciones. Yo diría a la verdadera senestesia o sea al entrecruzamiento de las sensaciones, es diría vital para el futuro creador y para el futuro hombre con imaginación. Y a nosotros, las generaciones actuales que ya estamos de vuelta, los educadores que educamos o esperamos educar, nos compete salvar la imaginación creadora de los niños.
Solemos decir y repetir que sin ellos nos vamos a quedar nosotros sin poetas, entendiendo por poeta a todo creador. También al que burila el mármol, también al que pinta, también al que danza... porque es justamente el aspecto de la imaginación que une al creador con el niño y yo me atrevo a decir con el hombre de ciencia, con el sabio. Porque el que imaginó por primera vez o el que dijo por primera vez que se podría pensar en ir a la Luna, la que le dictó la idea, fue la loca de adentro de la cabeza que se llama imaginación. Y sí... y sí... y sí... se largaron a hacer números o sea que también la imaginación desencadena al hombre de ciencia como creador de números y fórmulas.
Salvemos la imaginación creadora, fíjense que digo (creadora), no reproductora. Yo hablo de imaginación creadora en función de una imaginación que rompa la realidad y que le permita construir otra al hombre, al niño. Otra que va a ser construida a la medida de las propias necesidades espirituales de cada uno de los que estamos acá, eso es lo que nos importa a nosotros, liberar, desencadenar, enriquecer y guiar por caminos de belleza y paz. Una imaginación creadora para el bien, no para bombas para destruir.
Martha Salotti, dijo una frase que se ha hecho carne en nosotros y lema de nuestro “Club de Narradores”: “Hay que resucitar al narrador”, dijo ella. ¿Para qué?, asómbrense, en boca de una gran maestra, “para hacer la escuela menos aburrida”, decía, “para que se abran las ventanas de la escuela, para que entre el sol, para que entre el canto de los pájaros, para que entre la fiesta”.
Y ella fue la que bajo esos principios de llevar la gran literatura a la escuela a través de la palabra oral, no solamente consiguió niños lectores y niños que escribieran maravillosamente bien, (ustedes tienen acá un Jesualdo) sino que consiguió formar un coro de poesía. El coro de poesía, y debo de decirles, porque eso es importante en los planteos nuestros, que lo hizo con niños sumamente carenciados, para hablar con palabras porteñas, niños que vivían en conventillos. Esos fueron los alumnos con los que Martha Salotti consiguió la maravilla de interesarlos a través de la palabra oral por la palabra escrita. Y aquí entramos al gran milagro para llevar al niño al libro a través de la palabra oral, es decir, de lo que entra por los oídos, porque evidentemente los primeros tiempos, antes de la imprenta, la cultura iba por la palabra oral y me importa mucho recurrir como dato profundamente valioso, mucho más que mi palabra, a las palabras nada menos que de Mac Luhan en La Galaxia Gutenberg dice: “Inventada la imprenta, vale decir afirmando el predominio del sentido de la vista sobre el sentido del oído, lo que equivale a decir, roto el equilibrio de nuestros sentidos, el hombre fue perdiendo poco a poco ese modo mágico de ver la vida, que configuraba su ser tribal”. No por nada Santo Tomás de Aquino consideró que ni Sócrates ni Nuestro Señor confiaron sus enseñanzas a la escritura, porque no es posible por medio de ella la clase de vibración entre las gentes necesaria en el adoctrinamiento.
De ahí que la palabra nunca se silenció del todo. En la Edad Media, como en la antigüedad usualmente leían, no como hoy, principalmente con los ojos sino con los labios, pronunciando lo que veían y con los oídos, escuchando las palabras pronunciadas, oyendo lo que se llama la voz de las páginas. Y más adelante, ello se traduce en algo más que una memoria visual de las palabras escritas, lo que se produce es una memoria muscular de las palabras pronunciadas y una memoria auditiva de las palabras oídas. La meditatio consiste en dedicarse uno mismo con atención a este ejercicio de total memorización, es por tanto inseparable de la lectio, es lo que inscribe, por así decir, el texto sagrado en el cuerpo y en el alma.
Cuando nosotros oímos a nuestro alrededor, lo dicen en los congresos, y lo repiten en los editoriales de los libros, en los editoriales de los diarios, los niños no leen, los niños no entienden lo que leen y que no saben estudiar, agregan los maestros. No saben distinguir la idea principal, no comprenden lo que leen. Y nunca hemos oído decir, es que los niños no escuchan. Y yo les pregunto a ustedes: ¿Hay tiempo para escuchar? Yo conozco gente que les ha dicho a sus relaciones, “Voy a tu casa, pero siempre que me prometas que cuando llegue vas a apagar el televisor, porque la última vez que estuve no pudimos charlar”.
La gente mira, pero no escucha, ni se escucha, y nosotros entendemos que quien no escucha, no sabe pensar, no puede pensar y sin pensar nunca tendremos lectores, porque pensar es mirar para adentro, y solamente lo pude hacer el que sabe escuchar. Quizás una de las más grandes lecciones de la narración de cuentos a los niños es conseguir que se sienten y escuchen callados. Que se sepan silenciar y echarse a mirar, entre comillas, a ver lo que oyen, que es el principio fundamental de nuestra técnica.
Entonces formemos niños escuchadores, vale decir pensadores, si queremos formar niños lectores, vale decir que sepan mirar para adentro. Pero antes de llegar al encuentro del niño con la palabra escrita, con esa palabra que dice Martha Salotti, le aterroriza, vehiculicemos, tendámosle caminos para que esa palabra le asegure que le va a traer deleite, vale decir por Había una vez, hace mucho tiempo... Les voy a contar... Y empieza la voz de la maestra: “El chico que protagoniza este cuento, es larguísimo chicos, no, no lo vamos a leer, no, el chico que está acá en este cuento criollo, le dicen Rubio y como su madrina era la dueña de la estancia, y su mamá trabajaba en la estancia, consiguió permiso. Y el día que empieza mi historia el Rubio estaba ahí, en las carretas, entre los hombres que mateaban. Le habían encargado que sobara unos cueros, estaba ahí con su perro que lo iba a acompañar. Pero como todavía no partían y tenía permiso, el domingo por la mañana se fue a bañar al río Luján. Se cambió de ropa y cuando en la iglesia de Luján sonaban las campanas llamando a misa, allá está el Rubio. El sabía que era la iglesia donde se habían casado su papá y su mamá. A su papá lo habían matado los indios y él ahora, con las carretas, iba a ir por los terrenos donde andaban los indios. Porque las carretas salían de Luján hasta las Salinas Grandes, allá, donde traían la sal para el comercio. Y ahí estaba él hincado ¿rezando... rezando qué? Si ni sabía rezar, pero él le hablaba a la Virgen, le hablaba a Jesús y cuando consideró que ya se podía ir, en el momento en que ya se podía ir, oyó un gran tumulto en la puerta. Se asomó un poquito así, entre la gente, y vio que pasaba nada menos que el representante del Rey de España. Solemne, sin mirar a nadie, y lo seguía una comitiva, y junto con él un lacayo iba tirando monedas a los pobres y todos ponían la mano o todos ponían el sombrero. Pero, de pronto, se hizo un gran tumultuo, y run... Irrumpieron los gendarmes, que quiere decir la policía, como les decían antes. El Rubio se acercó un poco y vio que un marinero francés escupía y pateaba las monedas. ¡¡Caray!! Se habrá vuelto loco este hombre!! y vio como lo llevaban, uno de un brazo y otro del otro y salieron y él corrió para ver lo que pasaba, como buen niño que era. Toda la gente iba, y ya empezaban a cruzar la plaza. Iban hacia el Cabildo, que era donde estaba la cárcel. Y él corría para ver y ante su asombro el preso, forcejeando para salvarse así de los dos que lo oprimían, levantó la cabeza que hizo que pareciera mucho más alto y mucho más grande y empezó “A la la la la ..., marchaba y marchaba y marchaba y cuando entró asomó un poco la cabeza, le dieron otro empujón, volvió a asomar la cabeza y gritó: “¡Vive la Liberté!... ¡Vive la Liberté!... ¡Viva la Libertad!, dijo el Rubio Viva la Libertad!... Viva la Libertad!... Metió la mano en el bolsillo, sacó la moneda a ver porqué la habían escupido, y vio la esfinge del Rey de España, abultado y pensaba... ¡Viva la Libertad! ... ¡Viva la Libertad!... y mañana salimos... ¡Viva la Libertad! y la agarraba, ¡Viva la Libertad!... y casi se me cae y la agarraba... ¿Como seguía?... ya sé, que después subió a las carretas, esperen... esperen que les leo chicos. Sí... me están mirando, claro que tuvieron que luchar con los indios, pero todavía falta...”
Los felicito por tener alma de niños. Se creyeron que se los iba a contar, pero qué ingenuos... ¡qué ingenuos!.
Eso se llama de la narración al libro, de mi boca a tu corazón y de tu corazón a tu cabeza. Esas palabras son de Martha Salotti y son válidas para todo lo que signifique educación y, yo diría, para todo lo que signifique acercamiento al ser humano.
Entonces, cuando yo cuento, cuando el narrador cuenta, cuenta solamente con su voz, su gesto, su ademán, nada más, y yo digo, mi cuento está acá y yo como narradora, como Sra. de Etchebarne desaparezco, tengo que desaparecer, porque solamente se tiene que ver mi cuento. Y de esto se va a dar testimonio maravillosamente, cuando, a posteriori, se haga al niño pintar el cuento, o modelar el cuento o armar el cuento. Treinta niños que lo escucharon habrá treinta caballos, treinta ángeles, treinta barcos, distintos y alguno... alguno no pintará nada del cuento. Y está en la sabiduría y conciencia del que lo dirige para no decirle: “¿Cómo no pintaste algo del cuento, no lo entendiste?”. Hay anécdotas maravillosas al respecto. Hay un cuento conmovedor que se llama “La Margarita Blanca”, que es un cuento para niños pequeños, que, después de escuchado, los niños pequeños fueron invitados a pintar el cuento y dos niñas de ocho años, sentadas lejos una de otra, pintaron la margarita rosada. Es sobrecogedor, el cuento daba el color “La Margarita Blanca”. Ellas la pintaron rosada, y uno entra a preguntarse ¿por qué la pintaron rosada?, ¿por toque femenino?, ¿porque querían un vestidito rosado? Es el misterio de la creación, es el misterio del arte y mal sería decirle: “¡Niña, Ud. no sabe que la margarita es blanca!” Y qué malos profesores de dibujo lo han hecho y que lo hemos padecido las que estuvimos en la escuela de antes y que todavía quedan algunos... y todavía quedan algunos.
Y otra anécdota que registra Martha Salotti: entró al jardín de infantes, cuando era Rectora del Bernasconi, con una inspectora. La maestra se puso nerviosa, un niño estaba pintando un árbol y pintaba las hojas oscuras, el tronco oscuro, todo oscuro. Y le dijo: “Querido, el tronco marrón, las hojitas verdes”. El nene levantó la cabeza y le dijo: “No, porque era de noche”. Con lo cual se perfiló un futuro gran pintor, pero además la cosa sorprendente de manejar la luz, en función de su creación. Entonces consideramos nosotros, que de esta manera liberamos a la imaginación del niño y por el pequeño muestreo que les hice, creo no equivocarnos cuando decimos que la palabra escuchada, gozada emocional y afectivamente lleva al libro.


http://letras-uruguay.espaciolatino.com/puentes/auli_y_la_narracion_oral.htm

[1] De las fundadoras del primer Club de Narradores, cuando sólo había sensibilidad y corazón, permanecen Sylvia Puentes de Oyenard y María Mercedes González Briano, nos acompañan Isabel Del Prete, María Di Lorenzi, Carmen Martínez, Elma Viana, Alicia Langenhin, Rafael Mondón, Alicia Moreira de Dell´Oca, María Cristina Laluz, Bettina Pastrana, Marta Clark.
En la actualidad algunos narradores se han desgajado del tronco de A.U.L.I. que es la única institución que formó narradores con título en Uruguay, se han abierto en caminos de narraciones en escuelas, hospitales y ¿por qué no? eróticas. Pero la semilla es la misma: A.U.L.I.

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