domingo, agosto 17, 2008

REFLEXIONES SOBRE NOE

REFLEXIONES, DESDE MI PROPIO CUENTO, ACERCA DE LA NARRACIÓN ORAL ESCÉNICA CONTEMPORÁNEA O CUENTERÍA

Por Patricia Mix Jiménez
De Chile

El tema de este cuento:

Narradores / as Orales Escénicos, cuenteros / as y cuenta cuentos de todo el mundo, se preguntan y debaten hoy acerca de los límites, alcances y proyecciones de esta “innovadora” actividad: la de contar historias. Incluso persiste. Implícita o explícitamente en muchas conversaciones la interrogante por su índole: si se trata de un oficio o un arte. También las nociones introducidas para distinguir narradores espontáneos, profesionales o aficionados, han marcado diferencias en la opinión y reflexión en torno al abordaje actual del tema.

Más allá (o más acá) de disquisiciones, análisis y diferencias de opinión, convengamos en que quien desarrolla la actividad tiene, por así decirlo, la palabra por derecho propio. Convengamos además que son precisamente espacios como estos, los que posibilitan la transferencia de experiencias y potencian una discusión provechosa en el camino de construcción de discursos comunes y creación de conocimiento teórico - práctico respecto a la temática que nos convoca.

Ciertamente en mi país Chile, la actividad es muy nueva. Se inicia a principios de la década de los 90, en el contexto de la realización del Festival de Teatro de las Naciones, en ese contexto se realizan talleres y comienza un pequeño grupo de personas a contar cuentos en forma estable en un Pub de Santiago.

Es a ese grupo que yo me incorporo un año más tarde, en que salgo a contar desde el público y se me invita a continuar. Desde ahí, con encuentros y desencuentros entre narradores ha ido generándose lentamente un movimiento de Cuentería en varias regiones de Chile, movimiento que aún tiene muchos desafíos como lograr mayor nivel de involucramiento de la empresa privada, institucionalizar con mayor fuerza a las instituciones de educación superior en la actividad, potenciar espacios permanentes de muestras y presentaciones, establecer coordinación y apoyo entre los diferentes grupos existentes, elevar la calidad y diversidad artística de las propuestas y por supuesto incrementar el público.

En mi país, gracias al trabajo de algunos y algunas cultores / as, hoy se encuentran expresiones organizadas y permanentes en Santiago, Valparaíso, San Felipe, Los Andes, La Serena, Coquimbo y Diaguitas, realizándose además un Festival Internacional que va en su 5º Versión, con sede en Santiago, un Encuentro Iberoamericano con cuatro versiones, con sede en la Región de Coquimbo y Valle de Aconcagua, y un Encuentro Internacional, en Santiago, que recientemente ha realizado su primera versión. Además de múltiples iniciativas destinadas al rescate, la difusión y promoción de la actividad en diversos lugares del país. Un avance importante ha sido el paulatino reconocimiento de la cuentería en el espacio de las artes, lo que ha tenido su expresión en los apoyos de fondos concursables del estado, del gobierno y la incorporación en cartografías culturales como una expresión de las Artes escénicas. Todo esto se ha visto fortalecido con la presencia en eventos y el apoyo a procesos de formación de nuevos narradores /as, de importantes cultores de otros países.

Lo vivido en Chile y lo que en suerte me ha tocado ver y vivir en otros países me ha motivado interrogantes que intentaré esbozar en este trabajo.

La idea es compartir algunas reflexiones desde mi propia práctica, con el propósito de contribuir a la discusión del tema más que dilucidarlo, porque será ciertamente el aporte de todos y todas, el paso del tiempo y el desarrollo de esta disciplina, lo que finalmente dará la o las respuesta (as).

Mi primera inquietud tiene que ver con la relación de continuidad / ruptura, con relación a los griots, juglares, trovadores, narradores de rakugo y muchos otros que dan fe, que contar historias es en verdad, el oficio más antiguo del mundo. Si somos herederos y herederas de ellos /as ¿qué es entonces lo nuevo?; ¿qué nos diferencia?, ¿qué distinto aportamos?, ¿Cuáles son los nuevos desafíos y contextos?

El inicio del Cuento:

En el principio de los tiempos, desde que el ser humano habitó la tierra, los pueblos, los clanes, las tribus, las aldeas y todas las variantes de las sociedades humanas, en las diferentes culturas, se sentaron alrededor del fuego a contar los “haceres”, “decires” y “Sucedidos” de sus antepasados y de sus dioses / as.

Desde entonces, fue la oralidad, como en el principio fue el verbo. Fue a través de los relatos que se conservaban las tradiciones y los “saberes”. Más tarde, fue(ron) la(s) escritura(s), los símbolos que representaban “lo dicho”. No obstante, desde aquellos tiempos hasta a los nuestros, muchos son los lenguajes que han surgido y el narrador de la pequeña aldea tribal de ayer se fue perdiendo en el olvido, se fue quedando lejos de las urbes, se fue poniendo anciano, sin que nadie lo sucediera en la labor. En los campos, el contador y la contadora de historias se fue quedando solo/a, los jóvenes emigraron a las ciudades... y en las ciudades, el narrador/a se quedó dormido/a delante del televisor. Entonces el imaginario, se convirtió en imágenes estandarizadas, y las distancias se agrandaron aunque todo estaba más cerca, y el contador de historias se dio cuenta en medio de su sueño, que ya no soñaba...

“Hay que despertar al narrador”, dijo hace más de 30 años Dora Pastoriza de Etchebarne, en Argentina, otros lo dijeron a su modo en Colombia, Venezuela, México, Perú, España y otras latitudes, comenzando así el trabajo de “recuperación” de la narración oral, adquiriendo dicha recuperación más bien carácter de refundación. ¿Por qué?...

El nudo del Conflicto:

El narrador espontáneo, el contador de historias tradicional, el que cuenta la historia sagrada en los pueblos originarios, el que cuenta mentiras en el campo chileno y seguramente en otros llanos, el transmisor del pensamiento mítico, está inserto en su contexto cultural, esta en su comunidad. Su acercamiento al relato es directo, la palabra le fue entregada por otros que son él mismo. Esto hace que su comunicar sea esencial a la mantención y conservación de sus saberes, sus creencias, sus formas de vida, etc. Del o de la narradora/a dependía parte importante de la cohesión y sobre vivencia de su comunidad y la existencia de su cultura. Este narrador, llamémoslo originario o espontáneo, no se cuestiona acerca de sus códigos lingüísticos, no se pregunta acerca de lo que meta comunica, ni se preocupa por las técnicas narrativas más adecuadas para atraer la atención de quienes escuchan. Sin duda, cuenta con ellas (en ambos sentidos del contar). Posee la memoria de su pueblo, es heredero del mismo pasado que quienes son destinatarios de su relato, es transmisor y parte de su patrimonio, y sobretodo, tiene la misión, la legitimidad, el espacio y el prestigio del rol que su pueblo le ha asignado.

El narrador escénico contemporáneo debe construir su legitimidad, no cuenta “a priori” con el pacto de creencia, ni de necesidad de quienes le escuchan. Su labor no les es “ necesaria” y por lo mismo su contar debe estar estructurado y organizado para “ganarse” al público, su posible auditorio puede prescindir del relato (o al menos no le es esencial) y por lo mismo, el narrador o narradora contemporáneo /a debe esforzarse en cautivar.

Eso obliga a que el Cuentero o cuentera actual deba ingresar al universo narrativo reflexionando sobre sus propios procesos. Su repertorio, puede provenir de un saber tradicional que incluso puede serle propio, pero que la universalización de la actividad le obliga a descontextualizar. También puede generar su cuerpo narrativo desde distintas fuentes y culturas, lo que le obligará a entender como funcionan los recursos, los códigos y las técnicas en la oralidad, decodificando los sentidos, comprendiendo la estructura del lenguaje usado, conociendo sus partes, “desarmando” la historia para volverla a armar, desde sus propias experiencias y recursos.

Esto es a mi juicio, más que ninguna otra cosa, lo que hace de la NOE, un arte. Siguiendo a Marcel Schwob, “El arte está en oposición con las ideas generales, no describe sino lo individual, no desea sino lo único...”, aún cuando su adquisición y su práctica sea empírica y requiera el hábito y la constancia del oficio.

Sin entrar en la discusión y cuestionamiento siempre vigente de qué sea arte, (de cuyas disquisiciones me marginaré por múltiples carencias), convengamos, en aceptar que el arte constituye una esfera propia, vinculada a la sensibilidad, la imaginación y la reflexión libre, provista de características propias, separada de la esfera de las ciencias y de la moral, en cualquiera de sus versiones y cuyo criterio de juicio con relación a la realidad no dependerá de lo bueno o lo útil, sino de lo bello. Es decir que implican una experiencia estética articulada desde la dimensión sensorial, afectiva e inteligible y proyectada hacia espacios complejos como la imaginación y el entendimiento.

El creador es desde esta mirada, quien posee condiciones, capacidades y destrezas para trabajar formas y contenidos, que contribuyen a modificar o ampliar la forma de ver y estar en el mundo.

Son múltiples y variadas las formas que puede adquirir la obra o acontecimiento artístico en su interpelación a la complejidad del mundo. Lo importante para la ocurrencia del hecho estético es la implicancia o relación entre dicha obra o acontecimiento y quien la observa, es decir es una vivencia en que participa creador y espectador.

El desenlace del cuento:

Aún cuando la narración oral escénica, tiene aplicaciones en espacios pedagógicos y terapéuticos (como otras artes), en el acto de contar un cuento no se pretende enseñar, ni dar lecciones de vida. Se hace uso de la palabra, el gesto, la mirada, la voz para provocar el despliegue del repertorio emotivo y reflexivo con la mayor libertad posible. Por ello se evita el uso de elementos que pongan restricciones al desarrollo del propio imaginario de quien escucha y ve. Incluso más, hace participe del acto creador al propio interlocutor, porque no se cuenta para un público, sino con el público. Dicho de otro modo, el goce estético en este caso es fruto de una co-construcción de acontecimiento artístico y por lo tanto en un diálogo estético con una dimensión importante de compromiso entre el creador y el “espectador”.

Es, por lo tanto, un arte escénica comunicativa por excelencia, donde el cuentero invita a la invención y al embellecimiento de la historia contada. Los relatos no se petrifican, sino por el contrario implica libertad y desarrollo desde el propio imaginario de quien participa, escuchando y viendo, como co-creador, por lo tanto le es inherente a la cuentería, que existan variaciones de una misma historia, al conformarse una suerte de co-autoría con el oyente.

Un cuentero diestro, decía Gabriela Mistral, es aquel “ que a uno lo mantienen en vilo y lo ponen en trance de encanto, sin más recursos que el timbre de la voz, los gestos del rostro y los movimientos de las manos y el cuerpo”...Ese es el desafío del narrador contemporáneo, un artista que desde el uso de la propia memoria emotiva y de las destrezas y técnicas, lograr poner “en trance de encanto” a quien lo mira y escucha en silencio, en tiempos y espacios actuales en que no se mira, ni se escucha y donde el silencio se ha convertido en un bien escaso. Lograr esto es también cambiar algo nuestro percibir y estar en el mundo.

Estamos concurriendo a la inauguración de una nueva tendencia dentro de las artes escénicas, con sus propios códigos y estilos, definida hasta ahora, en relación con sus diferencias y similitudes con la tradición oral, la literatura, el teatro y el cine, pero que paulatinamente y desde lo empírico, produce conocimiento para instalarse “con su propia historia”, dentro de las artes.

Muchos de estos puntos pueden ser discutibles y claramente, como se planteó al principio de este trabajo, el debate entre los cultores de este arte está aún vigente, respecto de este y otros temas. Es más muchas de estas reflexiones, lejos de ser originales son fruto, al igual que los cuentos que contamos, de co-construcciones entre los y las narradores contemporáneos, escritores, historiadores y todo aquel que, desde el escenario, el libro o el público, se ha sentido convocado a esta reflexión. Lo único en que el acuerdo es absoluto, es en afirmar que la base de sustentación de nuestra actividad es la palabra y por eso mismo, la queremos viva.



Bibliografía y fuentes consultadas:
1.- De Etchebarne, Dora Pastoriza. “Un Oficio Olvidado”. Editorial Guadalupe. Buenos Aires, 1994. Décima Edición.
2.- Varios Autores. “Cuenteros y Cuentacuentos: de lo espontáneo a lo profesional” Ponencias de los 1º,2º, 3º y 4º, Encuentro Internacional de Narración Oral. Feria del Libro de Buenos Aires. Argentina 2000.
3.- Schwob, Marcel. “Vidas Imaginarias”. Editorial Porrúa, S.A. México, 1991.
4.- Parra, Marcos, Agrupación Mitómanos Cuenteros. Presentación de Programa de IV Encuentro de Cuentería, Región Coquimbo 2003.Chile.
5.- Oyarzún y otros, Documento “Arte, Cultura y Sociedad: Arte y estética”. Apuntes Laboratorio de Gestión Cultural Local, 2003. Área Comunidad y Territorio, División de Cultura, MINEDUC. Chile.
6.- Reflexiones desde la práctica y la teoría para la Cuentería. Apuntes de Carolina Rueda Nieto.

No hay comentarios: