Viene caminando Cecilio. Parece sentirse mal, su andar no es uniforme. Se cuestiona algo, que es profundo y que de alguna forma lo está atormentando.
De repente, empieza a correr y tropieza. Es un poco atolondrado. No se fijó que había unas piedras en el camino.
Prosigue su andar luego de reflexionar un poco, y es en ese momento que le viene a la memoria un sentimiento muy intenso.
Detiene su marcha y por su mente corre una frase; que repite varias veces:
- Tu mi amor, tu mi amor, tu mi amor (más expresivo).
Y dice:
- Tú eres mi luz. Tú me inspiras constantemente.
Mirando como en el pasado (a ella), y ahora dice:
- Tú eres vida en mí ser. Tu imaginación es idónea, espontánea, donde cada cosa toma vida frente a mí. Tú despiertas en mí las cualidades más profundas, que poco atrás durmieron durante mucho tiempo.
- ¡Qué más decir, reina de mis fantasías y de mi felicidad!
- Tú eres virtud, alegría; una flor que en primavera muestra su majestuosidad (Piensa con mucha paz: “eres hermosa”); ninfa llena de frescura.
- Tú llegas como el ser más especial que cambia y renace lo ya no oscuro, que ahora es intenso y que tú lo reanimas para siempre.
Luego prosigue; se detiene, mira en su presente, y sigue su camino. A lo lejos se ve la figura de una mujer que lo está esperando: Es ella… Es Eureka.
sábado, octubre 25, 2008
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