Este cuento se desarrolla a una distancia no muy lejana de nuestro centro. Es un lugar paradisíaco, donde el campo se va vistiendo de verde progresivamente, en silencio, sin ninguna contaminación.
Cierto día, un grupo de jóvenes decidieron hacer un picnic y, por esas casualidades de la vida llegaron a un lugar soñado. Los amigos se dispersan, todos quedan absortos al ver tanta belleza; algunos corren, otros en cambio se desplazan lentamente para disfrutar palmo a palmo el regalo de la naturaleza para sus sentidos.
De pronto, alguien tropieza, y cae cuan largo es en el suelo: “ ¿Pero qué fue lo que hizo que terminara de bruces ?”
Se incorpora, y mientras limpia su ropa descubre la causa de la caída: un cofre medio enterrado. Repuesto del golpe y de la posterior sorpresa, comienza a llamar a sus compañeros para enseñarles el hallazgo. Rápidamente se va reuniendo el grupo, circundando el cofre y a su descubridor.
De pronto aparecen en escena un hada y un niño, lo cual sorprenderá más aún a los amigos.
El hada, una adolescente de 16 años, rompe el silencio proponiendo: “¡Rompan pronto esa caja y repartan el tesoro!”
El niño, en cambio, sugiere entregar a las autoridades el cofre, puesto que éste pertenece a ese sitio o a algún lugareño. Por otro lado ¿alguna vez les han robado algo? ¿Cómo se sintieron?, ¿verdad que mal? El que los robó es un ladrón, y a nadie le gustan los ladrones.
Nuevamente el hada toma la palabra, tratando de convencer al grupo para que se apropien del contenido del cofre, diciendo: “Seguramente este cofre hace muchos años que fue enterrado, quizás él o los dueños ya murieron, y ustedes se convertirán en personas ricas y poderosas.”
Evidentemente una vez más se plantea la lucha entre el bien y el mal.
El niño interviene nuevamente, recordando a los presentes que la honradez es una de las mayores virtudes de los seres humanos. No había terminado de expresarse, cuando el hada se interpone entre el niño y el grupo, iniciando una arenga para que en definitiva, los adolescentes abran el cofre, y repartan el contenido. Terminado el discurso, echó al niño: “Fuera de acá, te falta mucho por aprender, mocoso majadero.”
A esta altura, el hada toma la voluntad ganada al grupo. Sus integrantes, sometidos, se hicieron eco de sus palabras, por lo cual reprocharon al niño que se inmiscuyera en asuntos ajenos, pidiéndole de muy mala gana que se fuera. El niño se aleja, pensando que esos forasteros se habían convertido en inicuos, y que era imposible corregirlos.
A todo esto queda por saber: ¿qué contiene el misterioso cofre ?
Salen los integrantes del grupo, desordenadamente, para tratar de encontrar algo que les permita romper la cerradura. Después de mucho buscar, todos regresan al lugar donde está el cofre, visiblemente desanimados, por no haber encontrado ningún instrumento para violentar la cerradura.
Sin embargo, junto al cofre hallan una barreta de hierro; el entusiasmo y la emoción no los deja ver que el hada desapareció.
Luego de luchar un buen rato con la cerradura se disponen a abrir el cofre, lo hacen lentamente, pues las bisagras se resisten porque la herrumbre las endureció. Superadas las dificultades, el cofre se va abriendo, todos permanecen en silencio, como si fueran estatuas, hasta la última sorpresa que recibirán, al ver que el contenido del cofre los va cubriendo uno por uno, inexorablemente.
Resultó ser el manto de la muerte.
jueves, octubre 23, 2008
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