sábado, octubre 25, 2008

SER UN GIGANTE (DE GABRIELA)

Pablito temblaba esperando al lado del cuarto árbitro para entrar a la cancha. Hacía tiempo que esperaba esta oportunidad y por fin había llegado. El partido iba empatado y los dos equipos daban muestra visible del cansancio. Era la final… de la “C”, y por la desgracia de tener un compañero terriblemente lesionado (fractura expuesta de tibia), el entrenador no tuvo más remedio que mandarlo a jugar.
Varios días atrás sus compañeros le habían escondido sus championes y para cuando los encontró eran unos pedazos de cuero todos rotos, mojados y blandos, o sea, desechos, porque se los tiraron a la cañada y justo donde había más barro y menos agua.
No se desalentó, más bien se calentó, se puso otros championes, unos usados que le habían regalado y que le quedaban grandes, se los ató bien y arrancó con papá y mamá para la cancha.
Supuso que no iba a jugar, y por eso lo tomó por sorpresa cuando le dijeron que iba a entrar ¡y nada menos que por el 11!
Temblaba de los nervios, de la emoción, temblaba del susto.
Era tan chiquito… En un momento a Pablito se le puso todo negro…
-¡Ay!- pensó- me voy a desmayar!!!!!
Pero no… las voces se escuchaban cada vez más lejos y una presencia invadió su temblor… lo escuchó detrás… escuchó sus pasos, sus grandes pasos, fuertes y pesados, y con voz grave habló así:
-¿Por qué temblás Pablito?, te pensás que no tenés coraje para ganarle a estos mostros. Si llegaste hasta acá por algo es, sos el mejor en las prácticas, el que nunca falta, ¿vos crees que el técnico no lo ve?
Pablo se dio vuelta y sus ojos casi se le salen, ¡ja!, si antes temblaba ahora peor, un gigante tres veces más grande que el estaba a su lado.
-¿Y vos quién sos?- preguntó casi susurrando
-Coco- contestó el gigante tranquilamente
-¡Sos un gigante!, estoy soñando, no, ya sé, me desmayé!
-Ni una cosa ni la otra, llegó la hora…
-¡Eh!
-Si tás en el baile hay que bailar
-¡Eh!, ¡nnno, nnno puedo!
-Sí que podés, y vos lo sabés, dale, vas a salir a la cancha, campeón, y vas a meter un gol.
-No sé…, soy tan chiquito…
-A cada uno le toca lo que le toca, y por algo siempre es…, si querés te ayudo
-¡Dale!, ¿cómo?- preguntó asombrado
-Vos mirá para adelante, corré con la pelota, no desaproveches la oportunidad y escuchame a mí, yo entro con vos a la cancha.
El ruido y las luces volvieron y el silbato dio la orden de entrar.
Los championes grandes no le importaron, solo quería ser como Coco, quería ser un gigante… y ganar.
Esa tarde cuando el bullicio terminó, Pablito era el ser más feliz del mundo, habían salido campeones por el gol en la hora del gigante Pablito, y es que Coco era Pablo, su gigante interior que dormía plácidamente hasta que los temblores lo despertaron.
Lo que pasa es que todos llevamos un gigante adentro, que se despierta justo cuando creemos que vamos a fracasar, lástima que no todos pueden escucharlo a tiempo, y por suerte, por suerte, hay otros que sí.

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