jueves, octubre 23, 2008

ELEGIR CON EL CORAZÓN (DE SANDRA)

Hola: ¿cómo están? Mi nombre es Ciruelita. Sí, así como lo oyen: Ci- rue- li- ta. ¿Saben por qué?, porque nací y crecí en el campo rodeado de la naturaleza, donde los árboles de distinto tamaño y especie eran mis amigos, mis compañeros, los “amigos de ruta” podría decir. Con ellos aprendí lo que significa soportar el intenso frío del invierno, en esos días tan pero tan, tan fríos, donde se nos congela hasta el aire que respiramos, pero también lo hermoso que es disfrutar de esta rama, la más alta, donde casi casi me mareo si miro para abajo; gozar de esta primavera debajo de estas hojas verdes y refrescantes y este aroma especial que solo él, “mi amigo”, el ciruelo, me sabe brindar.
Junto a él paso muchas horas; es mi lugar preferido, él sabe todo de mí, sí todo. Las aventuras que he tenido, también mis tristezas y mis lágrimas, cuando me toco vivir un momento muy especial hace mucho, mucho tiempo; y ahora como siempre estoy aquí.
Los que me conocen saben que cuando no me encuentran, sólo basta con dirigirse a este lugar; y mirar hacia esta rama que está aquí, la más alta y frondosa, y si observan detenidamente aquí me encuentran.
Hoy es un día de aquellos en los cuales no entiendo a la gente grande, ¿saben por qué? Les cuento:
Cierto día iba para la escuela sin muchas ganas ¡como siempre!, tratando de encontrar algo en el camino que retrase mi llegada y pasé como todos los días por la veterinaria, y esta vez me quedé con la nariz pegada al vidrio al ver esos perritos tan pero tan lindos que estaban para la venta. Sin dudarlo entré, pregunté cuanto costaban y me dijeron $300 y $500; yo solo tenia $20 para la merienda. Le pregunté al dueño si podía comprar uno y pagarlo de a poco, el hombre sonrió, silbó y allí salió su perra corriendo seguida por cinco perritos, uno de ellos se quedó considerablemente más retrasado con respecto al resto. Pregunté qué le pasaba y el hombre me explicó que cuando nació tenía la cadera defectuosa y que renguearía toda su vida.
En ese momento pensé: “Este es el que me gusta a mí, yo quiero cuidarlo y alimentarlo porque tenemos algo en común.”
El hombre me dijo que me lo regalaba porque nunca podría saltar, correr ni jugar como los demás.
Entonces dije: “Yo no quiero que me lo regale, quiero que me lo venda, él vale tanto como los demás perritos y yo le pagaré el precio completo. Ahora le doy mis $20 y así seguiré hasta que lo haya pagado todo, pues sabe qué… (levantando la pierna del pantalón) tengo en mi pierna una dificultad, ya que hace mucho, mucho tiempo me caí de arriba de la copa de mi árbol y ahora un metal me ayuda a sostenerla. Yo tampoco puedo correr tan rápido como mis amigos, pero necesito que me entiendan, por eso lo elijo a él, lo elijo con el corazón, porque sabe qué: es fácil encontrar defectos, cualquier tonto puede hacerlo; pero encontrar cualidades, solo los grandes espíritus pueden lograrlo.

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